Mi amigo amigo Miki había acabado la carrera de arqueología hacía dos años, en la prestigiosa universidad de París. El pobre hombre no encontraba nada que descubrir ¡normal! En el año 2200, no queda nada que encontrar.
Una tarde me llamó, y pidió que nos encontráramos en "The Eiffel coffee shop", nuestro lugar preferido. Le oí tan preocupado, que acepté.
Al llegar, le vi sentado en una esquina, mordisqueandose las uñas. "Pero Miki, amigo, ¿qué te pasa?" "Maira, sabes que estoy sin trabajo, ¿verdad? Bueno, pues... Me han ofrecido una expedición al «cuacktemplo», en la mitad del Amazonas... Y vaya, tú eres historiadora, bastante buena... ¿Quieres venir conmigo?"
Me quedé alucinada, ¡aquello era una oportunidad única! ¡Claro que quería! "Sí, sí, sí y mil veces sí" Miki pareció súper alviado, y me soltó así te sopetón que nos íbamos al día siguiente.
Cuando llegamos al templo, dos semanas de jungla después, nos maravillamos. Todas las paredes estaban cubiertas de grabados ¡de patos! ¡Increíble! Miki corrió de repente hacia el pato de cristal del centro... Y no sé cómo carajo, se convirtió en uno. Lleva siendo mi mascota cinco años, y aún no he encontrado un remedio para la maldición... Qué complicado es ser arqueólogo, ¿verdad?